Mi corazón se viste de ocres. Se templa y se relaja ante la dulzura de un día nublado. Quiero un vaivén de hojas y el pelo agitado por el viento. Sintiendo que cada paso es un sendero de baldosas amarillas que me llevan directa al calor del hogar. Quiero el abrigo de un café humeante y de esa camisa de cuadros tan tuya. Quiero que el otoño me cale los huesos y me recuerde que aunque todo pueda tener un principio y un fin, el proceso no deja de ser un tiempo mágico. No hay nada más bello que aquello que se siente como efímero. Porque cada instante que se resta es un tesoro del que no queremos desprendernos. Desnúdame de toda frivolidad. Vísteme con tu ternura y llena de colores mi alma
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