top of page
Buscar

La luces de Navidad

Foto del escritor: silviaseysilviasey

Actualizado: 20 dic 2022

6 de Diciembre, ese era el día. Era el momento de coger la escalera y abrir las puertas del armario para sacar los adornos navideños y el árbol. Había un olor especial en esos adornos que podría reconocer en cualquier lugar del mundo. Olían a tradición, a antiguo, a hogar. Papá desembalaba el árbol. Pasó de estar recogido en una caja a convertirse en un amasijo de papeles de periódico atados con cuerdas. Nadie podría sospechar que aquello era el objeto de mi devoción más absoluta a pesar de ser un esqueleto de alambres mal rodeado de espumillón verde que le daba aspecto de perchero trasnochado. La caja de adornos era pequeña. Las bolas eran cada una de un color, al igual que los espumillones. Solo de recordarlo, no puedo evitar sonreír. El resultado era propio del estornudo de un unicornio arcoíris más que algo digno de apreciar por su belleza. Mi hermano y yo nos lanzábamos como locos a colgar los adornos, prevía pelea por querer coger los dos los adornos más grandes y bonitos, entonces mi padre con su eterna tranquilidad nos decía :

-Esperad, primero hay que colocar las luces.

Y tras un buen rato deshaciendo aquellos nudos infernales llenos de bombillas, procedía a enchufarlas para ver si funcionaba.

-Papá, no funcionan. ¿Ahora qué hacemos?

-Seguro que funcionan. Lo que pasa es que a veces una bombilla puede que esté mal ajustada o se haya fundido. Hay que encontrarla. Porque si una sola deja de brillar, el resto no podrán hacerlo.

-¿Y por qué no compramos unas nuevas?

-Porque por estar una sola luz dañada o mal colocada no significa que el resto no sirvan. Hay que ponerle un poquito de ganas y ver si tiene arreglo.

Y así era. Movía las luces una a una. Las desconectaba y las volvía a conectar. Su paciencia era infinita, pero lograba dar con la lámpara fundida o desajustada. Y tras recolocar el resto, la luz de aquella serpentina multicolor volvía a brillar con toda su intensidad. Se había obrado la magia.

Ya han pasado 10 años. 10 años en los que soy yo ahora la que busco si hay una sola bombilla que esté desajustada. Muchas veces he pensado que era yo la que había perdido esa luz desde que él no está. Pero a medida que coloco esas luces, recuerdo que mi luz es necesaria para que sigan brillando las luces en cadena que hay en mi vida. Y a pesar de los ajustes, he conseguido que esa magia no falte nunca en casa. Su magia, la magia de papá sigue brillando. La Navidad siempre será esa época del año en la que a pesar de los cambios de la vida, sigo siendo esa niña ilusionada por llenar de luz y de color mi vida. Quizás aprendí de él que a pesar de sentirme a veces rota o desajustada, siempre puedo encontrar, con paciencia y cariño, la forma de volver a brillar


 
 
 

Comments


Publicar: Blog2_Post

Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2021 por Seis grados de separación. Creada con Wix.com

bottom of page