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Las Perseidas

Foto del escritor: silviaseysilviasey

Actualizado: 11 ago 2024


Nunca antes había pasado más de una semana en aquel pueblo marinero, pero aquel verano en el que la rareza caló los huesos del calor del hogar familiar, dejar a la niña el mayor tiempo posible con sus abuelos era más una necesidad que una elección.´"La niña". Cómo odiaba que la llamasen así cuando su cuerpo adolescente mostraba curvas más cerradas que un puerto de montaña.

Y allí se encontraba ella. En aquel lugar remoto donde ni mando a distancia tenía el viejo televisor de la abuela y donde los datos de internet eran más preciados que el titanio. Las horas parecían días y los días eternas semanas.

Aquella noche de 12 de Agosto, el pueblo empezó a cobrar una vida poco habitual. Era como si hubiese resucitado de un eterno letargo. Decenas de transeúntes seguían una ruta en línea recta como disciplinadas hormigas saliendo del hormiguero hasta perderse en la oscuridad de la playa.

-Niña, arréglate que tenemos que salir.-dijo la abuela desde la cocina.

-¿A dónde? No me hagas ir a una de esas cosas de viejos que hacéis en este pueblucho. -respondió ella con desgana.

-Deja de protestar y espabila o llegaremos tarde. -sentenció la anciana cogiendo una ligera chaqueta de lana.

Si ya la horrizaba tener que salir por esas calles, el hecho de que la viesen acompañada de su abuela le provocaba terror. Lo que menos necesitaba en su vida era un selfie tan demoledor.

Hicieron todo el camino hacia la playa sin hablar. Cuando llegaron allí miró con asombro como la arena de la playa estaba llena de gente sentada en pequeños grupos mientras, en silencio, miraban al cielo.

-¿Se puede saber qué está haciendo toda esta gente aquí? ¿Acaso va a bajar un ovni? -dijo con todo el cinismo que pudo escupir por sus carnosos labios.

-Tú siéntate y espera. -respondió con dulzura la abuela.

-Esperar, ¿a ..?

No tuvo tiempo de terminar la frase. Frente a sus ojos una inmensa estrella fugaz cruzó el cielo.

-¿Qué ha sido eso?- preguntó asustada.

-Es una Perseida. -respondió con una sonrisa casí infantil aquella del rostro marcado por la vida.

-¿Una Perseida?- preguntó "la niña" con interés.

-Es una estrella fugaz, cariño. Cada año el 12 y 13 de agosto bajamos a la playa para ver la lluvia de estrellas.

-Pero, ¿por qué hacéis esto?- dijo esta vez la joven con verdadera curiosidad

-Porque es una noche mágica en la que cada vez que ves una estrella, puedes pedir un deseo. El Universo está escuchando, así que piensa muy bien lo que quieres pedirle.

-Abuela, ¿realmente crees en estas tonterias? -preguntó llena de suficiencia.

-Mi niña. Yo solo soy una anciana que sabe que lo que realmente es fugaz, es la misma vida. Y que cada milagro que eres capaz de de contemplar te hace recordar que hay motivos cada día para seguir luchando por alcanzar tus sueños. Y no sé si lo que contemplan mis desgastados ojos esta noche es fruto de la ciencia o de una aparición divina. Pero mientras miro al cielo buscando estrellas, me gusta pensar que quizás son mensajes de los tantos ángeles que me han ido dejando a lo largo de la vida y que es su forma de decirme que no estoy sola. Pero hay algo mucho más importante. Teniendo todo ese cielo ahí arriba con vida propia, me hace recordar que nada gira en torno a mi , pero yo si puedo unirme a esa preciosa danza.

La joven por primera vez no supo que decir.

-La estrellas fugaces siempre dejan una estela de luz inesperada que te hacen sentir privilegiada por haber sido capaz de contemplarlas. Cariño, intenta pasar por la vida de las personas como si fueses una de ellas. Tu transito por esta vida será también fugaz. Pero asegúrate que dejas un rastro de luz tras de ti y un halo de ilusión que sea difícil de olvidar.

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