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Trenes de paso

Foto del escritor: silviaseysilviasey

Actualizado: 9 ene 2022



Amanda. Segunda parte

La entrada del edificio estaba llena. Era extraño ver a tanta gente concurrida en una sola localización después de todo lo vivido. Pero la ponencia sobre el verdadero significado de la vida por parte de aquel monje tibetano, tuvo un efecto llamada masivo poco esperado. Ella esperaba que quizás aquella eminencia en la paz y la serenidad pudiese aportar algo de luz a su sombrío corazón.


-Amanda, ¿eres tú? - escuchó a escasos centímetros de su hombro. Y no supo si fue un huracán de aquellas mariposas que creía muertas o un ligera sensacion de náusea provocada por el vértigo que sintió bajo sus propios pies.


-¿Pedro? ¡Hey! ¡No me lo puedo creer! ¿Qué haces tú aquí? - dijo intentando controlar el temblor de su voz .


-Pues supongo que aquí como todos, intentado buscarle sentido a la vida. - dijo él con esa agilidad mental que tanto le caracterizaba. -¿Has venido sola?


-Sí, ¿y tú?


-Completamente solo. ¿Te gustaría que nos sentasemos juntos?


-Estaría genial.


Desde que entraron al edificio la comunicación se redujo a un montón de preguntas protocolarias y respuestas monisilábicas carentes de verdadera información.


Amanda se perdió en un espeso limbo de recuerdos, compostura, autocontrol y cordialidad. No era el momento de mostrar todas esas emociones rotas que la habían llevado a leer decenas de libros de autoayuda y buscar todo tipo de terapias alternativas que paliasen el vacío de su corazón.


Finalizada la ponencia ella rezaba para sus adentros ,implorando a ese cielo en el que había dejado de creer, para que no le hiciese ninguna pregunta sobre la brillante ponencia del adorable monje.


-Bueno, ¿y cómo te va? - preguntó Pedro intentando romper el glaciar que se había instalado entre los dos.


-Pues muy bien. Ya sabes. Mis clases genial, cansada pero contenta. Ya sabes que lo de ser profe es vocacional y los peques me dan la vida. -¿Te apetece que nos tomemos algo?, dijo en voz alta sorprendiéndose de sus propias palabras.


-Me encantaría - respondió él mostrando su mejor sonrisa.


Se sentaron en una terraza de un frío mes de Febrero. Quizás aquel aire gélido serviría para justificar la rojez de sus mejillas.


-Te veo muy bien. Estás muy guapa. A ver, quiero decir que tú siempre has sido guapa. No me malinterpretes. Pero te ves genial.


-Te he entendido - dijo ella sonriendo tímidamente. - Gracias por el cumplido. He estado trabajando muchas cosas en los últimos tiempos y por lo que veo y me dices, parece que han funcionado.- ¿Cómo estás tú?


-Bien, bien. La verdad es que no puedo quejarme. Las cosas no me van mal.


La primera copa de vino sirvió para calmar no solo las bocas secas. También aportó una ligera sensacion de laxitud a sus gargantas cerradas que comenzaban poco a poco a relajarse y ser cada vez más locuaces y rápidas


-Aquel viaje fue estupendo. Todavía me acuerdo de cuando nos perdimos y creímos que no llegaríamos nunca a nuestro albergue.


-Creo que no he pasado más miedo en toda mi vida. Pero te digo una cosa. Aquella playa desierta y aquella luna son lo más espectacular que he visto en mi vida. Pero creo que el resto no lo recuerdan de forma tan idílica. - los dos rieron a carcajadas


Una copa de vino más tarde la conversación se fue haciendo más íntima y honesta.


- Me imagino que tú sigues viendo la vida del mismo modo. ¿Cómo era eso que decías...? "Si en la vida pierdes un tren, cógete un avion".


Un silencio incómodo se hizo patente en una conversación que se había vuelto constante.


-¡ Vaya! ¿Realmente decía eso?- preguntó Amanda con los ojos ligeramente humedecidos.


-Sí. Nunca conocí a nadie más llena de luz, paz y confianza en sí misma.


-¿Me lo dices tú? -Venga ya, Pedro. Tú parecías haberte comido al mismísimo Gandhi. Siempre tenías el consejo perfecto. La palabra perfecta. La historia perfecta.


-Ojalá eso fuese cierto.


- ¿Cómo que no? Recuerdo cada uno de tus consejos como si fuesen mandamientos. De hecho los tengo escritos en un cuaderno. - en ese momento, fue consciente de sus palabras y se sintió desnuda.


-No me digas eso. -Él se quitó su abrigo y se subió la manga de su jersey y le mostró un tatuaje. -Tu frase lleva conmigo desde hace años "Si pierdes un tren en la vida, coge un avión".


Una lágrima cayó de los ojos azules de Amanda.


- Creo que nos debemos ser honestos de una vez por todas. No sabes cuántas veces te he escrito mensajes en WhatsApp que borraba acto seguido y cuántos email están guardados en borradores. Me miraba el brazo, pero eras un tren de alta velocidad que no sabía si volvería a pasar de nuevo por alguna estación cercana .Alguien como tú estaría comiéndose el mundo o en brazos de un súper hombre. Y sé que quizás después de esto pienses que soy un friki al que no quieras volver a ver nunca, pero yo que no era capaz de callar ni debajo del agua, nunca te dije que estaba loco por ti.


- Pedro, ¿pero por qué nunca lo hiciste?.¿Al lado de un súper hombre? Mi vida ha sido un caos porque siempre comparaba cada tío que conocía con... Nunca tuve el valor de decirte que a mí me pasaba igual. Si yo lo hubiese sabido, yo... - dijo aguantando un llanto que se abría paso por sus ojos.


-¿ Y por qué nunca me lo dijiste?


-Porque nunca me lo hiciste sospechar.


-¿Acaso debía haberlo hecho? ¿Por qué?


-Porque tú eras siempre el sensato de los dos.


-Y tú eras la valiente.


El dolor que trataron de esconderse mutuamente floreció como una extraña flor de invierno. Y el silencio inundó aquella plaza concurrida.


Ahora no sabían si aquel tren que pasó a toda velocidad propulsado por la frescura de la ignorancia podría volver a transitar por unos raíles que habían sido oxidados por las numerosas lágrimas que habían derramado el uno por el otro.


Quizás era el momento de montarse en ese avión que les llevase, por fin, al séptimo cielo...



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