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Carta de esta humilde paje a sus Majestades los Reyes Magos

Foto del escritor: silviaseysilviasey




Mis queridísimas Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar,

quiero expresarles mi más sentido agradecimiento por haberme permitido un año más poder formar parte de su Comitiva Real. Ostentar el importante papel de “Paje” no es solo un honor, es también todo un privilegio. Sentir que depositan su confianza en mí año tras año para poder llevar su luz, su fe y su esperanza a muchos niños es una de las tareas más bellas que me han encomendado a lo largo de esta vida.

Soy muy consciente de lo difícil que es su tarea. Lo sé, los niños cada vez son más inquietos, más desconfiados, más despiertos y por qué no decirlo, menos niños. Les hemos expuesto a un mundo lleno de dureza, violencia, menos amable y más adulto. Ser niño hoy en día no es fácil y ustedes lo saben mejor que nadie. Por eso intento desempeñar con todo mi corazón la labor que ustedes me han asignado. Poder preservar esa infancia, esa dulzura y esa inocencia tanto tiempo como sea posible es máxima prioridad. Les garantizo que no es una misión que me resulta complicada. Quizás se deba a que me han otorgado la capacidad de poder hablar mismo lenguaje de los niños. Soy capaz de leer sus mentes mirando sus caritas y puedo llegar a ver en sus ojos aquello que no son capaces de decir con sus palabras. Es el mayor de los dones, porque me ayuda a mí también a mantener esa pureza en mi corazón. En los tiempos que corren poder ver la bondad en otros es un privilegio.

He recibido de ustedes a lo largo de estos años muchos dones y presentes que hoy quisiera poner en valor.

Admirado y venerado Melchor. Gracias por otorgarme el don de la empatía. El regalo de la paciencia y la comprensión que intento devolver cada día. Preciadas pequeñas dosis de su inmensa sabiduría. Gracias por enseñarme a escuchar. No solo las palabras, sino también los silencios. Esos que contienen más información que los discursos eternos. De su mano he aprendido qué es la honestidad no agresiva. La importancia de la diplomacia a la hora de tratar con las personas. Porque como usted siempre me ha dicho, una palabra puede ser bálsamo y piedra. Debemos aprender a usarlas con sentido común, respeto y mucho, mucho cuidado. Me ha otorgado la gran capacidad de saber decir en ocasiones las palabras correctas para convertir el dolor en calma y la oscuridad en luz. Y sé que eso debe ser obra suya porque esas palabras en ocasiones se han convertido en auténticos milagros. Gracias por acogerme en su corte de pajes y por haberme entregado como mentor a Jesús. Sin duda fue uno de sus más fieles servidores y nunca pude imaginar que podría tener mejor maestro. Hoy sé que le ha asignado la misión de velar por los sueños de los adultos. Esos que ya no escriben cartas, pero que miran al cielo y las estrellas buscando respuestas. Por favor, dele todo mi amor y dígale que su guía, aprendizajes y cariño los atesoro e intento ser una digna discípula. Cuídele mucho.

Querido y entrañable Gaspar. Gracias por toda la sensatez y madurez que me has otorgado. Me has entregado el don de la intuición y la aceptación. A tu lado he aprendido que la vida consiste en fluir y dejar que las cosas simplemente ocurran. Me has enseñado que crecer es un proceso fascinante y en ocasiones también duro. No solo requiere cumplir años, también consiste en cumplir metas y sueños. Has sido siempre esa palabra de aliento para que no rindiese porque algo maravilloso estaba a punto de llegar. Como bien dice la filosofía hindú “al final, todo saldrá bien. Y si no sale bien es porque aún no ha llegado el final. Confía”. Me ha bendecido con el don de la maternidad no materializada. No he podido encarnar ese don en una pequeña vida, pero si me ha dotado de las cualidades de cuidado, cariño, comprensión y protección que tienen las madres. No tengo una personita a la que llamar “hijo o hija”, pero me ha rodeado de muchos niños a los que quiero con todo mi corazón y a los que cuido como si fuesen un pedacito de mí. Gracias por cada una de esas pequeñas vidas que tengo el privilegio de conocer, cuidar y enseñar. Me hiciste maestra y esa es una de las misiones de vida más maravillosas que alguien puede ostentar. Gracias por tanto, querido Gaspar.

Y a ti, mi risueño y divertido Baltasar. Gracias por entregarme el regalo de la infancia eterna. Mi niña interior sigue tan viva que a veces me veo saltando encima de un montón de hojas secas o chapoteando en los charcos. ¿Qué sentido tiene la vida sin la ilusión de poder sorprenderme? Gracias a ti, (perdóname que le tutee pero así me lo ha pedido muchas veces), me sigo asomando al mundo con inocencia y con ganas de sonreír y reír por cualquier cosa. Sigo creyendo en la magia. La magia de verdad. La que ocurre cuando no la esperas. La que deseas con todo el corazón y se convierte en realidad. Sigo creyendo que los sueños se materializan y que si le pones toda la emoción y todo lo que tienes dentro, terminan apareciendo antes tus ojos. Eres tú quien hace que cosas increíbles ocurran. Esas que no puedo explicar, pero que me hacen abrir los ojos como platos y reír a carcajadas. Gracias por todas esas sincronías, sorpresas, giros y circunstancias que me hacen seguir conectada a mi misma. A esa niña pequeña que siempre he sido y soy.

Sé que esta noche será larga, pero también será gloriosa. Hay muchos corazones que llenar de fe, de luz y sorpresas y no vamos a fallarles. Les pido que esa preciosa energía infantil no se pierda nunca. Y les pido por favor, que a los niños que hoy son adultos y han dejado de creer en muchas cosas, llévenles un abrazo lleno de esperanza. Hagan que de vez en cuando recuerden que ellos también son mágicos y aquellos que creen en la magia están destinados a encontrarla.

Yo por mi parte, acudiré a su llamada hasta que a este cuerpo mortal no le queden más fuerzas. Acepté su misión con compromiso y seguiré desempeñándola con todo mi ser, amor y devoción.

Siempre suya,

Silvia

 
 
 

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